Cinema Negre. 25 quilates (2008) Patxi Amezcua. Dilluns 11, a les 19,45h. Lloc: Ateneu Maó.

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Dilluns 11 de Gener de 2021, a les 19.45 hores, al Ateneo de Maó

25 Kilates (Patxi Amezcua, 2009)

KAY Y ABEL

Desde la organización del Festival de Cine Español de Málaga se define su sección Zonazine como “la plataforma para la promoción de películas de una narrativa menos convencional, más contemporánea, que reivindica un cine diferente y que apoya a los nuevos autores. Una sección que abre las puertas al cine español que se encuentra a los márgenes de la industria”. Esta mirada transversal premió, en su edición de 2009, la ópera prima de Patxi Amezcua 25 Kilates con la Biznaga de Plata a la mejor película y a dos de sus protagonistas (Aida Folch y Manuel Morón) con sendos premios de interpretación.

El film de Amezcua es una más que estimable muestra de cine negro puro y duro, un thriller urbano ambientado en una Barcelona poco proclive a la postal en la que Abel (un también espléndido Francesc Garrido), cobrador de deudas con un claro código moral que ejerce su oficio con expeditiva profesionalidad, se cruza con Kay (Folch), una timadora del tres al cuarto que sobrevive gracias a lo poco que le enseñó su padre Sebas (Morón), ludópata perista proclive a meterse en líos. Todos ellos se ven arrastrados a una trama de estafas, joyas y dinero en el que no faltan ni los habituales policías corruptos ni peligrosos mafiosos de nuevo cuño o periodistas ávidos de carnaza, como no podría ser de otro modo.

La clara irrupción de 25 kilates en un certamen de ventanas emergentes como el de Málaga no hace más que redundar en su carácter rebelde, contestatario y heterodoxo, pues a partir de su clasicismo noir y la honestidad de su propuesta, desde entonces ha trascendido como una de las películas de género más estimulantes y privilegiadas de los últimos años en este país.

     Un golpe seco, directo, encajado al estómago, que sorprende por su frescura, contundencia e identidad. El debut en la dirección del guionista navarro Patxi Amezcua (Yoyes, El Viaje de Arián) tiene buen gusto por la narración clásica, la conductividad noir y mima el comportamiento de sus personajes, a los que se acerca sin prejuicios, con la mirada corta, cercana, epidérmica (también por necesidades imperiosas de producción, of course).

Amezcua se acerca a Kay y a Abel recreándose en sus rostros llenos de supervivencia, una inmediatez y un realismo que le proporciona la cámara en mano y que, lejos de suponer un enquistamiento técnico, hace de la necesidad virtud. Este forzado rigor expositivo obliga a una posproducción ejemplar. La edición y el montaje se antojan minuciosos trabajos de depuración argumental y artística, sin florituras morales y sin apenas espacio a la ternura, la piedad o el sentido del humor.

El director se gana al espectador con ritmo e inteligencia, con el dinamismo clarividente de la linealidad y la causa-efecto, y con unos personajes, tan hoscos como esquemáticos, parcos en emociones, pero ricos y alejados de estereotipos. Ladrones de baja estrofa que no son buenos, ni malos, sino reales y humanos.

     25 kilates es un claro y nítido ejercicio de estilo, repleto de clasicismo y cultura pulp, que paradójicamente emergió de entre los brotes más libres, heterodoxos, experimentales y atrevidos de nuestro cine. A pesar de alejarse de los parámetros habituales del ciclo, su inclusión en éste se antoja necesaria y demuestra la pluralidad y la amplitud de miras de esta reivindicación cinéfila.

FERNANDO SABINO SEGUÍ

 

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