Cinema Negre. 20.000 años en Sing Sing (1933). Dilluns 16, a les 19,45h

Título original: 20,000 Years in Sing Sing. Año:1932. Duración: 78 min. País: Estados Unidos. Dirección: Michael Curtiz. Guion:Wilson Mizner, Brown Holmes, Courtney Terrett, Robert Lord (Libro: Lewis E. Lawes). Música:Bernhard Kaun. Fotografía: Barney McGill (B&W). Reparto: Spencer Tracy,  Bette Davis,  Arthur Byron,  Lyle Talbot,  Warren Hymer,  Louis Calhern  Productora:Warner Bros. Pictures.

EN LOS ALBORES DEL CARCELARIO NOIR

Viviendo la resaca de la Gran Depresión y con la producción de films gansteriles en franco deceso, el cine negro ubicado en el universo carcelario vivió una época de esplendor durante el primer lustro de la década de los 30. Tras los éxitos populares de cintas como Thunderbolt (Josef Von Stemberg, 1929) o ‘Soy un Fugitivo’ (I Am a Fugitive From a Chain Gang, Mervyn Le Roy, 1932), el avispado directivo Jack Warner produce para su WB ‘Veinte Mil Años en Sing Sing’ (20, 000 Years in Sing Sing), con el realizador húngaro Michael Curtiz tras la cámara, justo una década antes de pasar a la posteridad con Casablanca (1942). Rodada en el interior de la legendaria prisión y en los estudios de la Warner (bajo la dirección artística del reputado Anton Grot), con la estilización característica del primitivo cine de gangsters y el protagonismo de dos jóvenes mitos como Spencer Tracy y Bette Davis, esta pequeña gran joya de los inicios del carcelario noir merece su revisión, máxime por haber resistido magníficamente el paso del tiempo (a pesar de manifestar con rotundidad, su rabioso presente).

Michael Curtiz fue un cineasta todoterreno al que, sin embargo, se tendió a menospreciar por su (supuesta) condición de fiable artesano y por una (errónea) convicción de técnico impersonal, simple ilustrador de guiones o condescendiente sicario de un gran estudio como la Warner Bros. En verdad, fue un más que brillante autor, quizá eclipsado por la sombra de sus propias creaciones, cuya identidad personal puede palparse en cada fotograma de su filmografía con toda su potencia.

‘Veinte Mil Años en Sing Sing’ no es una excepción. Esta pieza de orfebrería noir con fuerte trasfondo social evidencia la constante preocupación del cineasta por la expresión puramente visual de la narración. De talante claramente liberal e izquierdista, a Curtiz le llamó la atención esta historia criminal de perspectiva claramente penitenciaria, y consecuentemente moral.

Basada en un relato autobiográfico de Lewis E. Lawes, alcaide de la prisión en el momento de la filmación, no solo relaja la crítica sociopolítica inherente a este subgénero sino que alerta de los excesos cometidos en los penales. Afín al realismo social propio del estudio y al pesimismo latente en la figura de Curtiz, la película refleja una constante presencia de rejas, sean los propios barrotes o las prolongaciones sombrías de éstas, reutilizando los esquemas formales y narrativos del denostado cine de gángsteres, añadiendo el sempiterno tono de denuncia y el grueso melodramático de la relación amatoria entre Tom Connors (Tracy) y Fay Wilson (Davis), o el incipiente cariño del preso hacia la rectitud y los valores morales del alcaide Warren, interpretado magníficamente por el secundario Arthur Byron.

FERNANDO SABINO SEGUÍ