Cineclub. Programació i ressenyes del 7 d’abril al 9 de juny de 2022. Ocimax.

12 de Mayo de 2022

Delicioso.
Título original
: Délicieux. Año: 2021. Duración: 112 min. País: Francia. Dirección: Eric Besnard. Guion: Eric Besnard, Nicolas Boukhrief. Música: Christophe Julien. Productora: Coproducción Francia-Bélgica; Nord- Ouest Films, SND Groupe M6, France 3 Cinéma, Région Auvergne-Rhône- Alpes, Artemis Productions, Canal+, Ciné+, France Télévision, Cinémage 14, Indéfilms, SofiTVciné 7, RTBF (Télévision Belge), VOO, BE TV, Shelter Prod, Taxshelter. Le Tax Shelter du Gouvernem, CNC, Conseil Départemental Du Cantal, Procirep.
Reparto: Grégory Gadebois, Isabelle Carré, Benjamin Lavernhe, Guillaume de Tonquedec, Christian Bouillette, Lorenzo Lefèbvre, Marie-Julie Baup, Laurent Bateau, Manon Combes, Félix Fournier, Christophe Rossignon, François De Brauer, Jérémy Lopez, Antoine Gouy, Benjamin Lhommas, Chloé Astor, Louise Rossignon, Gilles Privat, Fabien Rasplus, Christophe Véricel, Maxime Mansion, Damien Gouy, Nicolas Fine, Rémy Salvador, Lionel Buisson, Anthony Candellier, Simon Jouannot, Loïc Risser, Marc Wilhelm, Hervé Jacobi, Pierre Parra.

La belleza visual como metáfora social, una historia de aparente sencillez que toca temas de fondo como el valor de la independencia y la libertad en un contexto personal y general, actuaciones milimétricas que sostienen buena parte del tono convierten a Delicioso (Eric Besnard, 2021), en un filme de clara inteligencia lúdica y aguda. Carece de artificios porque no los necesita y los 112 minutos fluyen de forma natural. Es un pastel exquisito pero no cargado de chantilly. Un sabroso gusto al paladar que deja buena memoria al cinéfilo que está acostumbrado a la buena mesa y evita los atracones al que nos acostumbran los blockbusters.
El filme, que tuvo nominaciones en el César más reciente (premio a la cinematografía francesa) en donde sobre todo destacó por los valores visuales y la música de fondo, apuesta por una aguda cáustica mirada a la identidad francesa, con diálogos suspicaces, reveladores del personaje central, pero discretos. La labor del protagonista, el experimentado Grégory Gadeboyses es la columna vertebral del tono.
Pierre Manceron (Gadeboys) es un cocinero, medianamente mezquino y resignado a trabajar para el duque de Chamfort (Benjamín Lavernhe) quien no tiene gustos exquisitos para comer, pero es prepotente y ahoga el talento culinario del chef. Luego de una fiesta en la que el festín es motivo de burla, Manceron es obligado a que se disculpe ante los presentes y éste se niega. El despido es inmediato y sobre todo humillante. El platillo que género el incidente se llama Delicioso. Es 1789, poco antes de la Revolución francesa.
Manceron se va a vivir derrotado y sobre todo confundido con su padre Jacob (Christian Bouillete) y su hijo adolescente Benjamín (Lorenzo Lefebvre), quien ya había ocasionado roces entre el duque y el cocinero por entrar a la biblioteca del castillo a leer libros. Los tres, hacen una modesta pensión y un día una misteriosa mujer (pues sí, es misteriosa, no fue recurso literario) Louise (Isabelle Carré), pide entrar como ayudante y aprendiz de cocina. El hombre al principio se niega pero acepta a regañadientes. Con el tiempo, fundan un restaurante, concepto nuevo en la Francia de aquellos años, pero el sibilino Duque, no permitirá que su ex trabajador encuentre la independencia.
La película funciona como una alegoría de tono político e histórico sobre la libertad, lo cual resulta evidente, pero más allá de esto, Delicioso brilla por la sencillez de un relato inteligente, en el que sus elementos son administrados de forma cuidadosa. Es decir, sí es una obra discreta, con una fotografía excepcional, a cargo de Jean-Marie Dreujou, y esa contención da un conjunto de elegancia.

Gerardo Gil Ballesteros

 

05 de Mayo de 2022
La hija.
Título original
: La hija. Año: 2021. Duración: 122 min. País: España. Dirección: Manuel Martín Cuenca. Guion: Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández. Historia: Félix Vidal. Música: Vetusta Morla. Fotografía: Marc Gómez del Moral. Productora: La Loma Blanca PC, Mod Producciones, Movistar+, RTVE, ICAA, Canal Sur.
Reparto: Javier Gutiérrez, Patricia López Arnaiz, Irene Virgüez, Sofian El Benaissati, Juan Carlos Villanueva, María Morales.

Desde que debutó con La flaqueza del bolchevique, Manuel Martín Cuenca se ha convertido en un especialista a la hora de escarbar en las miserias de nuestra sociedad a través de sus tabúes y de evidenciar algunos de los monstruos que se esconden entre nosotros. Su cine siempre se ha caracterizado por su capacidad perturbadora, por su ritmo de cocción lenta, por sus silencios, pero en La hija da un paso más allá dentro de todo ese imaginario para hurgar hasta el fondo de sus consecuencias un tema tan visceral como es el derecho a ser madre.
La hija es un thriller impecable, un western en un paraje aislado en el que no existe la ley, en el que las relaciones de poder convierten a los personajes en animales que se mueven y se revuelven frente a sus impulsos primarios. Una película tan impactante como memorable a modo de fábula macabra, precisa en su ejecución, de una elegancia casi inimaginable y repleta de reflexiones en torno a las relaciones humanas. La hija es pasado y presente del cine español, entronca con la tradición de Furtivos y nos lleva a un estadio contemporáneo donde continúan rugiendo las bestias interiores.
Beatriz Martínez

 

28 d’abril de 2022
Título original
: Paris Blues. Año: 1961. Duración: 98 min. País: Estados Unidos. Dirección: Martin Ritt. Guion: Walter Bernstein, Grimes Grice, Jack Sher. Novela: Harold Flender. Música: Duke Ellington. Fotografía: Christian Matras (B&W). Productora: Pennebaker Productions, Diane Productions, Jason Films, Monica Corp, Monmouth, United Artists.
Reparto: Paul Newman, Joanne Woodward, Sidney Poitier, Diahann Carroll, Louis Armstrong, Serge Reggiani, Barbara Laage, André Luguet, Marie Versini, Moustache.

El jazz como leitmotiv.
La sonrisa de Armstrong. Sus ojos saltones. Los carrillos llenos de aire dispuestos a soplar pura energía por su legendaria trompeta. Una imagen difícil de olvidar. Sin duda la escena del film. Las partituras de Duke Ellington, terriblemente melancólicas. “Mood Indigo” como paradigma de ello. Un digno padre del Blues.

En el jazz están las raíces de cualquier género musical moderno, y como ante cualquier madre sólo hay dos cosas que se pueden hacer cuando levanta la mano para pedir la palabra: oírla y venerarla. Aún recuerdo la primera vez que escuché aquel disco de Miles Davis que me demostró que hay tantos tipos de azules como uno quiera ver en el cielo.

Para observar todo lo que puede ofrecer Paris lo mejor que puede hacer el visitante es pasear por Montmartre hasta llegar a lo más alto de su colina, donde le espera el Sacre Coeur y una de las vistas más impresionantes de la ciudad de la luz. Ahí es donde uno se da cuenta de su gran poder de atracción. Un lugar para perderse. Un lugar para olvidarse de los problemas creados al otro lado del Atlántico.

Newman y Poitier (¿es posible reunir a una pareja mejor?) interpretan a dos músicos locos autoexiliados. Felices, siempre y cuando nadie les recuerde porque tuvieron que dejar su casa. La nostalgia es algo que puede hundir hasta al más grande de los mortales. Connie y Lillian intentan hacerles comprender que no es posible vivir toda una vida huyendo de unos problemas que nunca se irán, pues no hay kilómetros en el mundo que consigan distanciar al cuerpo de los problemas del alma. La conciencia les atormenta, por diferentes motivos…

Carles M. Agenjo

 

21 d’abril de 2022.

Título original: Lamb. Año: 2021. Duración: 106 min. País: Islandia. Dirección: Valdimar Jóhannsson. Guion: Sjón Sigurdsson, Valdimar Jóhannsson. Música: Þórarinn Guðnason. Fotografía: Eli Arenson. Productora: Coproducción Islandia- Polonia-Suecia; Black Spark Film & TV, Film I Väst, Go to Sheep, Madants

Reparto: Noomi Rapace, Hilmir Snær Guðnason, Björn Hlynur Haraldsson, Ester Bibi, Ingvar Eggert Sigurdsson.

Jóhannsson —que ha trabajado como técnico de efectos especiales en Hollywood y este año ganó en Cannes el Premio a la Originalidad— ha dirigido y coescrito su ópera prima junto al compositor de Björk y libretista de Lars von Trier en Bailar en la oscuridad (Dancer in the Dark, 2000): Sjón Sigurðsson. El resultado es un cuento donde las sombras de la memoria fílmica se funden con las costumbres rurales en forma de actualización delirante. Asimismo, la apuesta de Lamb por lo concreto es firme. Una granja, una familia, un milagro y un intruso. Ahora bien, ni la película es tan sintética como promete ni logra trascender del todo lo que quiere contar. Prueba de ello es la derivación que toma a través del personaje de Pétur, el hermano del padre, que encarna Björn Hlynur Haraldsson. Un forastero urbanita que sirve de contrapunto a la ilusión pastoril de la pareja y cuya hostilidad inicial hacia su hija conecta con los centauros de Ford. La escena en que Pétur apunta a la pequeña criatura en un lugar perdido, lejos del calor de la granja, permite invocar fantasmas —como la eterna tensión entre la xenofobia de Wayne y la fragilidad de Wood— gracias a la sofisticada narrativa del filme, que da pie a un sugerente juego de espejos. El problema es que toda la carga dramática que Jóhannsson había acumulado —gracias al triángulo que integran Rapace, la criatura y la oveja que la concibió— pierde fuerza con la llegada de Pétur.

En cualquier caso, el filme atesora virtudes de primer orden —como el manejo de la dimensión surrealista— dosificando el recurso digital —con planos detalle de sutileza miniaturista— a través de un inteligente uso del fuera de campo. En una de las mejores escenas, descubrimos que Maria — la figura angustiada y territorial que encarna Rapace— ha desarrollado tanta sobreprotección hacia la pequeña Ada que toma la contundente decisión de coger la escopeta, plantarse delante de su madre biológica y apuntar a la sien. El responsable de Harmsaga (2008) —el espléndido corto anterior a su ópera prima— opta aquí por una decisión de puesta en escena simple y cargada de gravedad. Mediante la combinación de un plano general y un exquisito juego de planos y contraplanos, la cámara deja de captar a un personaje apuntando a otro para revelar a una madre a punto de matar a otra madre. Es aquí donde Jóhannsson crece y se hace grande. Lejos de contemplar Islandia como un beatus ille, nos adentramos en las neblinas de un sólido thriller sobre los pecados de la maternidad.

Basta la mirada temblorosa de una oveja para que el drama alcance cotas de admirable intensidad. En este sentido, Lamb es pura metonimia preñada de significado.

Carles M. Agenjo

 

7 d’abril de 2022.

Título original: Libertad. Año: 2021. Duración: 104 min. País: España.
Dirección: Clara Roquet. Guion: Clara Roquet. Música: Paul Tyan. Fotografía: Gris Jordana. Productora: Coproducción España- Bélgica; Avalon P.C, Lastor Media, Bulletproof Cupid.
Reparto: María Morera, Nicolle García, Nora Navas, Vicky Peña, Carol Hurtado, Maria Rodríguez Soto, David Selvas, Òscar Muñoz, Sergi Torrecilla, Mathilde Legrand.

La plusvalía emocional que ofrecen las mujeres de clases pobres a las familias de clase media alta va más allá de un mero servicio doméstico. Mujeres que abandonan su vida, su familia y a ellas mismas para cuidar de los otros. El concepto marxista se aplica a los cuidados, algo que es difícil cuantificar económicamente, pero cuyo beneficio sí es cuantificable.

De un tiempo a esta parte directores latinoamericanos han puesto el foco en el clasismo de una burguesía, generalmente de izquierdas y moderna, que perpetúa el mismo clasismo que los ricos de derechas. Directores y directoras que provienen de América Latina, en cuyos países las diferencias de clases son más visibles o están más acrecentadas. El mejor ejemplo de ello es el mexicano Alfonso Cuarón con la magnífica Roma, o directoras como la brasileña Anna Muylaert en Una segunda madre. En España esas relaciones intrafamiliares, entre clases y, generalmente, entre mujeres no se había desarrollado tanto hasta ahora como hace Clara Roquet en Libertad.

La directora catalana ha cogido los temas de sus dos anteriores cortometrajes para afianzar su primer largo que debuta por la puerta grande, en Cannes. Libertad compite en la Semana de la Crítica, la sección paralela del festival francés con un drama intimista sobre la familia, la adolescencia, las herencias y el clasismo.

Libertad es la historia de amistad de dos adolescentes, una chica española hija de las señoras de la casa y la hija colombiana de la asistenta que acaba de llegar de Colombia tras la muerte de la abuela. La película abandona lo narrativo para centrarse en lo contemplativo, en el día a día de ese verano en un pueblo de costa catalán donde centra la acción. Hay varias historias y varios temas que la directora va tratando. Por un lado, esa relación de amistad en plena adolescencia, el despertar sexual de ese primer verano en las mujeres. Por otro, las complejas relaciones de familia, el peso de la herencia familiar y cómo se perpetúan los roles, pero sobre todo el clasismo entre la familia y la cuidadora.

Esa empleada del hogar dejó, como ocurre con la protagonista de Una segunda madre, a su hija con la abuela y se fue del país a trabajar como interna en una casa de gente bien. Cuidó a otros hijos y no a los suyos. Generó lo que la socióloga estadounidense, Arlie Rusell Hochschild llama la plusvalía emocional de los cuidados; es decir, que aunque estas mujeres cobren por un trabajo, todo lo que aportan emocionalmente en la familia a la que sirven no está compensado económicamente.

Las empleadas del hogar no solo limpian o cocinan, también cuidan a niños y mayores y eso es difícil de cuantificar económicamente y eso, decía la autora, que el capitalismo ha comercializado hasta con la maternidad, como ejemplifica con acierto Libertad. Si Roma era un fresco de una familia burguesa y de la diferencia de clases en el México de los años 70, la película de Roquet trata de hacer el mismo viaje, ir de lo íntimo y lo concreto a un retrato general, el de una clase social, la burguesía española, con un privilegio de clase del que no es consciente.

“Se convirtió en parte de la familia y nosotros en parte de su familia”, solía decir Cuarón en la entrevista. Una frase que se escucha en varios momentos del filme, sobre todo cuando Libertad, la hija de la empleada del hogar, le espeta a la amiga burguesa que es una niña bien, porque tienen a su madre trabajando para ella. A lo que la amiga responde que no, que su madre es una más de la familia.

Roquet ha conseguido en su primera película un equilibrio nada fácil. Por un lado un guion sutil que habla de muchas cosas que nos afectan como sociedad, por otro una dirección de actrices perfecta, con Nora Navas, Vicky Peña y las debutantes Nicol García y María Morera. El relato va llevándonos poco a poco para entender las decisiones de todas las mujeres de la familia, sin juzgarlas, pero siendo consciente que la cuestión de clase es imposible sobrepasarla.

Pepa Blanes