Cineclub. La caída del imperio Americano de Denys Arcand. Dimarts 22 i dijous 24 a les 20,30h Ocimax.

La caída del imperio americano.

Título original: Le triomphe de l’argent. Año: 2018. Duración: 128 min. País: Canadá. Dirección: Denys Arcand Guion: Denys Arcand. Fotografía: Van Royko. Reparto: Alexandre Landry, Maripier Morin, Rémy Girard, Louis Morissette, Maxim Roy, Pierre Curzi, Vincent Leclerc, Yan England, Claude Legault, Florence Longpré, Paul Doucet, James Hyndman, Benoît Brière, Gaston Lepage, Geneviève Schmidt, Mathieu Lorain-Dignard, Denis Bouchard. Productora: Cinémaginaire Inc

Cuando parecía perdido para la causa, a los 77 años y tras una desafortunada tercera entrega de su serie de películas El declive, el mejor Denys Arcand ha vuelto. El cineasta canadiense, que ya había compuesto dos obras sensacionales en El declive del imperio americano (1986) y en Las invasiones bárbaras (2003), los dos primeros ejemplares de su saga de historias independientes, aunque de exactos sentidos del riesgo, de la crítica y de la desazón, tanto en lo político como en lo social, se había precipitado hasta el desbarre con la trasnochada La edad de la ignorancia (2007). La caída del imperio americano, su tardía cuarta pieza, premio de la Crítica en la pasada Seminci de Valladolid, es el golpe de sabiduría de un anciano que se las sabe todas.

Solo por la secuencia que ejerce de prólogo, casi un cortometraje de conversación en una cafetería, al borde del surrealismo de los Coffee and cigarettes de Jim Jarmusch, pero cargado de enjundia filosófica y de espontaneidad a pie de calle sobre lo que puede significar hoy en día la inteligencia, la nueva película del director de Jesús de Montreal merece un reverencial respeto. Y a partir de ahí, Arcand compone una fábula sociopolítica de extrema acidez, que sería bueno que los espectadores vieran como lo que es: como un cuento en forma de comedia criminal. Porque como vayan buscando la verosimilitud a toda costa, en una de las más equivocadas costumbres del espectador medio contemporáneo, se van a desencantar.

Javier Ocaña (El País) 29/03/2019