Cineclub. Dublineses de John Huston. Dimars 24 i Dijous 26 a les 20.30 h. Ocimax

Inici de temporada amb tot un clàssic, com ja és costum a la secció: Dublineses de John Huston. Dimarts 24 i dijous 26 a l’Ocimax, a partir de les 20.30 h.

A partir d’aquest dimarts es posaran a la venda els abonaments per tota la temporada. A partir de les 20.00 h a les taquilles de l’OCIMAX: dies 24 i 26 de setembre, 1, 3, 8, 10, 15 i 17 d’octubre. Preu socis 100 €. No socis 120 €

Dublineses

Título original: The Dead. Año: 1987. Duración: 81 min. País: Reino Unido. Dirección: John Huston.  Guion: Tony Huston (Basada en el relato ‘The Dead’ de James Joyce). Música: Alex North. Fotografía: Fred Murphy. Reparto: Anjelica Huston,  Donal McCann,  Helena Carroll,  Cathleen Delany,  Ingrid Craigie,  Rachel Dowling,  Dan O’Herlihy,  Marie Kean,  Donal Donnelly,  Colm Meaney.  Productora: Coproducción Reino Unido-Irlanda-Estados Unidos; Channel 4 / Delta Film / Liffey Films / Vestron Pictures / Zenith Entertainment.

Cuando John Huston se embarcó en la aventura de filmar esta película contaba ochenta y un años de edad, estaba sentado en una silla de ruedas y permanentemente conectado a una bombona de oxígeno. El enfisema pulmonar que arrastraba ya desde hacía varios años dificultaba progresivamente su respiración y su capacidad de movimiento dependía exclusivamente de las personas que le acompañaban. En estas condiciones, que cabría suponer acompañadas de una cierta disminución de sus facultades mentales, enfrentado a una adaptación literaria que en principio resultaba escasamente atractiva para el lenguaje cinematográfico y trabajando sobre un guión ajeno, escrito por su hijo, Tony, el resultado que era razonable esperar no podía ser, al menos en principio, demasiado entusiasta. Lo que ha llegado a las pantallas, sin embargo, es una sorprendente, luminosa y enérgica obra maestra, equiparable por su perfección a los trabajos más acabados de su filmografía anterior (en la memoria permanecen La jungla del asfalto, Moby Dick o Paseo con el amor y la muerte): tan personal y comprometida como las películas más lúcidas y desesperadas de su trayectoria (Vidas rebeldes, Fat City o Sangre sabia). De cómo es posible semejante milagro dan testimonio unas imágenes que parecen talladas con la pureza del diamante y bajo la disciplina de un retratista filosófico.

John Huston llevaba casi sesenta años guardando en su interior las profundas sensaciones que le produjo leerlo por vez primera, el pequeño cuento que lleva por título “Los muertos” y que James Joyce incluyó en su primer volumen publicado, “Dublineses”. Para decirlo en sus propias palabras, “la fuerza de esta pieza literaria no está en la evocación de unos tiempos que se fueron, sino en la forma en que de una manera melancólica acepta las verdades que la vida y la muerte tienen que ofrecer y, con ello, nuestra propia conciencia de la mutua dependencia que hay entre los vivos y los muertos”.

Se trataba, por tanto, de un reto afrontado por el cineasta después de un largo y sedimentado proceso de maduración personal, con la experiencia de veinte años de vida de en Irlanda (nacionalizado como tal en 1964) y mucho más de admiración hacia Joyce, a quién conocía desde su temprana juventud, cuando su madre consiguió rescatar de la censura puritana el “Ulises” y se lo dio a leer: “Fue la experiencia más excitante que he conocido nunca como lector. “Ulises” abrió las ventanas de mi vida  y dejó que entrase la luz”

Probablemente esa misma luz, que sabiéndose consciente de de hallarse en el umbral de oscuridad definitiva, Huston ha dejado que penetre por todos los planos de Dublineses. Porque se trata no de un “oscuro réquiem”…. , sino de una luminosa y melancólica despedida, un último “paseo con el amor y la muerte” de quién se encara con una galería de seres humanos y sabe encontrar en todos ellos suficientes razones para comprenderles en sus alegrías y en sus tristezas, en sus  heridas no cicatrizadas y en sus dolores más profundos, en el patetismo  y en la dignidad.

…..Haciendo posible la íntegra fidelidad a Joyce con transmisión de sus evocaciones por medio de una enorme pureza cinematográfica, John Huston se despide definitivamente del cine (y de la vida) con una de las películas más puras, emocionantes y auténticas que he visto en mucho tiempo.

Carlos F. Heredero, 1988.