Cineclub. El insulto de Ziad Doueiri

Días 13 y 15 de Noviembre de 2018, Cines OCIMAX Maó

Título original: L’insulte. Año: 2017. Duración: 110 min. País: Líbano. Dirección: Ziad Doueiri. Guion: Ziad Doueiri, Joelle Touma. Música: Éric Neveux. Fotografía: Tommaso Fiorilli. Reparto: Adel Karam,  Kamel El Basha,  Christine Choueiri,  Camille Salameh,  Rita Hayek,  Talal Jurdi,  Diamand Bou Abboud,  Rifaat Torbey,  Carlos Chahine,  Julia Kassar  Productora: Coproducción Líbano-Francia-Bélgica; Ezekiel Films / Scope Pictures / Tessalit Productions / Rouge International / Cohen Media Group [USA] / Ciné+ / Douri Films / Centre National du Cinéma / L’Aide aux Cinémas du Monde / Le Studio Canal+

No pocas veces las vidas se hunden por una nimiedad. Un pequeño accidente, una discusión absurda, una casualidad, un malentendido. Un golpe del destino que, por culpa de nuestro orgullo, de nuestra terquedad, y de un equivocado planteamiento hacia el fácil arreglo, va degenerando en un problema más grande, mucho más complicado de erradicar, que revela prejuicios, traumas interiores, resentimientos del pasado.

El insignificante chispazo de El insulto, interesantísima parábola político social de Ziad Doueiri, reciente candidata al Oscar a la mejor película de habla extranjera, lo produce el canalón de una casa. Uno de esos conflictos vecinales donde el absurdo cotidiano puede llevar a la perdición. Un chorro de agua mal encauzado desde el balcón de la casa de un cristiano libanés, que acaba cayendo sobre el capataz de una obra, y palestino. Un cuento de horror histórico y religioso, una tragedia familiar, un drama judicial que, desde lo más pequeño, alcanza lo más grande. Una disputa de corto alcance que trasluce un ancestral combate entre pueblos. Y, como toda fábula, con una enseñanza moral: la disculpa es una muestra de decencia y no un motivo de debilidad.

Expuesta de un modo sencillo y explícito, y partiendo del ámbito social, la película de Doueiri adquiere, sin embargo, una enorme trascendencia en múltiples vertientes. En la política, con cargos electos que solo se implican en los problemas reales de la gente cuando no hay temor a mancharse. En la histórica del conflicto entre palestinos e israelíes, y su influencia en países vecinos, como Líbano, con una frase insultante como detonante —“Ojalá Ariel Sharon hubiera acabado con todos los palestinos” —, y variadas tragedias detrás: del Septiembre Negro jordano, en aquel mes de 1970, a la masacre de Damour, durante la guerra civil libanesa, en enero de 1976. En la judicial, con algo tan actual y tan universal —también aquí, en España— como el delito de odio, su necesidad, y también su peligro: “¿Qué será lo próximo, penar los pensamientos, castigar los sueños?”. E incluso en una vertiente perteneciente a la filosofía del Derecho: la violencia como hecho natural, o como hecho histórico.

Doueiri, con películas importantes alrededor del conflicto de Oriente Medio —West Beirut, de 1998; El atentado, de 2012— expone su relato de un modo en el que todos los personajes, en su ideología, en su formación, en su religión, acaban encontrando razones convincentes para su comportamiento. Y, más allá de su evidente humanismo y de su voluntad regeneradora, deja que sea el espectador el que, en su vaivén emocional, acabe siendo juez. El árbitro de las pequeñas grandes tragedias de nuestra existencia.

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Cineclub. Formentera Lady de Pau Durà

Dies 6 i 8 de novembre a les 20,30 h. OCIMAX Maó

Año: 2018. Duración: 85 min. País: España. Dirección: Pau Durà. Guion: Pau Durà. Fotografía: Miguel Llorens. Reparto: José Sacristán,  Jordi Sánchez,  Nora Navas,  Ferran Rañé,  Sandro Ballesteros. Productora: FoscaFilms / Sunrise Picture / Good Machine Films / La Perifèrica Producciones

El título de la película es Formentera Lady, en honor a la canción de King Crimson donde rinde tributo a aquella época de los 70, donde la isla era una vía de escape hacia la libertad, como llega a hacer el propio protagonista.

El sueño hippie de Samuel se verá truncado cuando empieza a tener responsabilidades con la llegada del niño pequeño, Marco. Que si tareas de la casa, que si cuidar de alguien. Serán compromisos que nunca antes había tenido y que acechan su confort.

Aquí llegará el dilema: ¿ser responsable o ser libre? Esta será la cuestión que se plantee el personaje de Sacristán en un viaje por lo más profundo de Formentera. Mientras poco a poco ira conociendo a su nieto y la imagen que le tiene que dar.

La trama podrá pecar de emotiva y hasta de predecible. Aunque lo verdaderamente importante es el trayecto que recorre, las luces y sombras de la isla, la verdadera fantasía hippie y el estancamiento del ser humano en un mismo lugar. Elementos de sobra conocidos en el cine, pero que en la cinta son contados de manera tan sencilla y atractiva, sin caer en el dramatismo ni en la sensiblería.

El director tuvo la idea de Formentera Lady en un viaje con su mujer a la isla en 2009, unas semanas antes de la llegada de sus gemelos. Dándole vueltas al conflicto entre la responsabilidad y la libertad propia del hippie, surgió la idea de esta ópera prima de Pau Durà, que anteriormente solo había trabajado en el cine como actor en series como El príncipe.

Aparte de las geniales actuaciones de los dos protagonistas, José Sacristán y Sandro Ballesteros, destaca la maravillosa fotografía de Miguel Llorens de esas playas paradisíacas y esos miles de rincones secretos que alberga la isla. Un auténtico paraíso al que escaparse.

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Cineclub. Foxtrot de Samuel Maoz

Días 23 y 25 de Octubre de 2018. OCIMAX Maó.

Año: 2017. Duración: 113 min. País: Israel. Dirección: Samuel Maoz.  Guion: Samuel Maoz. Música: Ophir Leibovitch, Amit Poznansky. Fotografía: Giora Bejach.  Reparto: Ashkenazi (Michael Feldmann), Sarah Adler (Daphna Feldmann), Yonaton Shiray (Jonathan),  Shira Haas (Alma), Dekel Adin (Policía),  Yehuda Almagor (Avigdor),  Shaul Amir (Policía),  Gefen Barkai (Policía),  Ran Buxenbaum (Policía),  Rami Buzaglo (Conductor),  Aryeh Cherner (Oficial),  Eden Daniel (Chico),  Yael Eisenberg (Soldado),  Itay Exlroad (Policía),  Eden Gmliel (Chica). Productora: Coproducción Israel-Alemania-Francia; Bord Cadre Films / Arte France Cinema / Arte France / Zweites Deutsches Fernsehen (ZDF) / ARTE.

Foxtrot es un filme extraordinario. La razón suena sencilla, aunque es una rareza, ya que demuestra que se puede reunir en una misma obra todo lo que se le pide al séptimo arte: una gran historia, actores brillantes, poderío visual, ciertos riesgos y talento detrás de la cámara. No por nada, el israelí ya ganó el León de Oro en 2009 con su primer filme, Líbano.

El foxtrot es un baile que siempre vuelve al punto de partida. He aquí una de las claves de la película, relato en tres episodios del olvido, las cicatrices, la absurdez humana y la futilidad de nuestras acciones. “Quería construir un viaje emotivo que el público sintiera con una primera secuencia chocante, una segunda que hipnotizara y una tercera conmovedora. El destino es la espina dorsal del filme”, agregó Maoz. Para evitar destripar la trama, mejor decir únicamente que se desarrolla entre la claustrofobia de una casa llena de dolor y la de un disparatado puesto de control en el frente. “Foxtrot cuenta dos generaciones, la primera que sobrevivió al Holocausto y la que le siguió. Cada una tiene un trauma en el servicio militar”, afirmó Maoz, que pasó varios años como soldado, enrolado en el ejército israelí.

Así que sabe de guerras. Pero también, y mucho, de cine. Ahí están los encuadres y las imágenes de Foxtrot para demostrarlo. “La chispa en mi cabeza es siempre visual, aunque luego ese aspecto acaba sirviendo a la idea. No hago cine de actualidad, es más una experiencia. Trato de reflejar el alma de mis personajes. Y la dimensión visual es parte integrante de la historia. La habitación del protagonista, por ejemplo, nos da mucha información sobre él y todo ello ahora muchas páginas de diálogo”. Maoz lo hace sonar fácil: “Cuando ruedo empiezo con una decisión muy sencilla y no termino hasta que no sea perfecto. La única manera de que pare es que llegue una ambulancia con dos tipos que me aten y me saquen de allí”. La locura, visto lo visto, sería alejarle del rodaje.

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Cineclub. El joven Karl Marx de Raoul Peck

Dias 16 y 17 de Octubre de 2018. Cine OCIMAX, 20,30 h.

Título original: Le jeune Karl Marx. Año: 2017. Duración: 112 min. País: Francia. Dirección: Raoul Peck. Guion: Pascal Bonitzer, Pierre Hodgson, Raoul Peck. Música: Alexei Aigui. Fotografía: Kolja Brandt. Reparto: August Diehl,  Stefan Konarske,  Vicky Krieps,  Olivier Gourmet,  Hannah Steele,  Eric Godon,  Rolf Kanies,  Stephen Hogan,  Niels-Bruno Schmidt,  Ulrich Brandhoff,  Denis Lyons,  Damien Marchal,  Aran Bertetto,  Wiebke Adam,  Annabelle Lewiston. Productora: Coproducción Francia-Bélgica-Alemania; Agat Films / Velvet Films / Rohfilm.

Cuando, en I’m Not Your Negro, Raoul Peck rescataba las palabras de James Baldwin para darles nueva vida, su intención no era tanto la de preservar la memoria de la lucha por los derechos civiles (que también), sino comprobar cómo resonaban las palabras del escritor sobre las imágenes de un presente que sigue siendo el escenario de una encarnizada lucha. Allí eran las armas del documental las que le permitían levantar un discurso propio a partir de la resurrección de un discurso ajeno. En El joven Karl Marx, el marco se adapta a las exigencias convencionales y eminentemente didácticas del biopic, pero el cineasta demuestra que, incluso en un género derivado de una tradición literaria nacida al servicio de la construcción de una identidad burguesa en el siglo XVIII, es posible hacer la revolución… aunque sea dentro de un orden.

El Like a Rolling Stone de Bob Dylan acompaña, en los créditos finales de El joven Karl Marx, un montaje de imágenes que levanta acta de la perenne vigencia del pensamiento del filósofo alemán. La lucha de clases era y es una realidad, aunque el recuerdo de las derivas que pervirtieron la pureza de la utopía comunista a lo largo del siglo XX –siempre en la agenda de esa doctrina del miedo que el orden neoliberal suministra con metódica regularidad- tenga atenazado a un proletariado al que la revolución le empieza a parecer casi un extravío malsonante. Peck no es marxista –el compromiso político de quien fue ministro de cultura en Haití durante dos años se inscribe en el ámbito del nacionalismo anti-imperialista-, pero tiene claro que de Karl Marx no le interesan ni la estatua conmemorativa, ni la figura de cera, sino la energía de ese momento vital en el que, con la complicidad de Engels, entraron en combustión unas ideas capaces de transformar el mundo.

El joven Karl Marx es, así, una película de ideas en movimiento, con combates dialécticos en el lugar de las escenas de acción y un especial cuidado en reivindicar lo privado como zona de experimentación de nuevas maneras de amar, vivir e imaginar futuros colectivos. Guionista de Jacques Rivette y veterano de la etapa maoísta de Cahiers du Cinéma, el co-guionista Pascal Bonitzer ayuda a Peck a sintetizar y condensar largos procesos ideológicos en un trabajo que muchos han subestimado por su vocación clásica, sin apreciar la sostenida inteligencia de sus decisiones narrativas.

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