Cineclub. Volver a empezar (2020), Phyllida Lloyd. Dijous 31 de març a les 20:30. Ocimax.

Volver a empezar.
Título original: Herself. Año: 2020. Duración: 97 min. País: Irlanda.
Dirección: Phyllida Lloyd. Guion: Malcolm Campbell, Clare Dunne. Música: Natalie Holt. Fotografía: Tom Comerford. Reparto: Clare Dunne, Harriet Walter, Conleth Hill, Cathy Belton, Ericka Roe, Rebecca O’Mara, Sean Duggan, Charlene Gleeson, Chelsea Gill, Lucy Parker Byrne, Ally Ni Chiarain, Eimear Morrissey, Liz Fitzgibbon.
Productora: Coproducción Irlanda-Reino Unido; Element Pictures.

Qué fácil es pensar que la solidaridad de la gente no es creíble en una película, y qué esperanzador resulta estar convencido de que sí.
Es probable que los espectadores de Volver a empezar, nueva película de la inglesa Phyllida Lloyd, se dividan en estos dos bandos, el de los cínicos y el de los ilusos, y seguramente ninguno de los dos tenga razón, porque la vida es mucho más compleja que alinearse en un compartimento estanco. Pero este
crítico, en este momento aciago para el mundo en general y para la mujer en particular, con sangrantes muertes por
violencia de género en tantos países, prefiere estar en el de la utopía. Al menos por esta vez, y aupado por dos razones que se desarrollarán en el último párrafo. ¿Que, como metáfora de la necesaria reconstrucción de una vida apaleada, la edificación de un hogar para una madre y sus dos hijas en forma de casa prefabricada en el jardín de una vivienda burguesa, ofrecida gratis, con la ayuda de las más dispares personas no cercanas a la víctima, suena a fábula poco probable? Puede, pero qué conveniente resulta a veces fantasear con la bondad del género humano. Para entendernos, Volver a empezar (Herself) vendría a ser un Ken Loach destilado por el filtro de la fraternidad.
Aparecen las contradicciones y los resquicios legales y judiciales de un supuesto estado de bienestar como Irlanda. Pero también las alegrías puntuales dentro de un devenir dramático y la lucha de una mujer contra un sistema que la arrincona.
Sin embargo, son los apartados interpretativos y de puesta en escena los que acaban sosteniendo el castillo de la esperanza en ese jardín. El trabajo de Clare Dunne, de las niñas y de cada uno de los secundarios (marido incluido) es formidable. Y la cámara de Lloyd, directora de Mamma mia! y La dama de hierro, siempre se posa con espontaneidad en el mejor lugar: un rostro, un cuerpo, una mirada, un movimiento. Y así, con el cine, se sueña con una vida mejor.
Javier Ocaña