Cinema Negre. Avui dilluns 18 a les 19,45 h al Saló d’Actes de l’Ateneu

CON LAS HORAS CONTADAS

 

D.O.A. (DOA) Año: 1950. Duración: 83 min. País: Estados Unidos. Dirección: Rudolph Maté.   Guion: Russell Rouse, Clarence Greene.

Música: Dimitri Tiomkin.

Fotografía: Ernest Laszlo (B&W). Reparto: Edmond O’Brien,  Pamela Britton,  Luther Adler,  Beverly Garland,  Lynn Baggett,  William Ching,  Henry Hart,  Neville Brand,  Laurette Luez,  Jess Kirkpatrick,  Cay Forrester,  Frank Jaquet,  Lawrence Dobkin,  Frank Gerstle,  Carol Hughes,  Hugh O’Brian.   Productora: United Artists

LA MÁS PURA FATALIDAD

     El mítico Elia Kazan, reconocidísimo cineasta muy dedicado a la dirección de actores, dijo una vez que lo más difícil para un intérprete es la ambigüedad: lograr parecer atractivo en los papeles de villano y repeler en los papeles de bueno. Edmond O’Brien (1915-1985) edificó su magnífica carrera interpretativa sobre este principio básico. Se condensaban en este extraordinario secundario hollywoodiense cualidades muy peculiares como la intensidad gestual, su oronda presencia y un carisma envidiable, que hacían de él un actor inconfundible, singular y sumamente categórico. Evidentemente, pudo demostrarlo en el cine negro en películas como ‘Forajidos’ (‘The Killers’, Robert Siodmark, 1946), ‘Allo, le habla el Asesino’ (‘The 3erd Voice’, Hubert Cornfield, 1960) o ‘Con las Horas Contadas’ (‘D.O.A.’, Rudolph Maté, 1950), las tres incluídas en este ciclo de clásicos olvidados. En esta última, O’Brian interpreta a un abogado al que han envenenado sin posibilidad de cura y que buscará a su propio asesino en una carrera imposible contra el tiempo. Un vibrante film noir con un punto de partida original e irresistible; innegable aroma a serie B que le sirve al actorazo de Nueva York, de socarrón a desesperado, de vividor a moribundo, dead on arrival, una actuación soberbia, ambigua y,of course, muy a reivindicar.

     La más pura fatalidad no es la del presagio de lo inevitable, ese axioma al que se aferran la mayoría de narraciones noir, sino la del vestigio mortal, la irrevocable pesadilla del que se sabe sentenciado, la misteriosa atracción hacia un desenlace fatal como una pesadilla injertada en la realidad. ‘Con las Horas Contadas’ lo demuestra, partiendo de un crimen insólito desde una perspectiva más o menos verosímil. Frank Bigelow (Edmond O’Brian), un abogado de una pequeña localidad californiana viaja a San Francisco de juerga y, tras una borrachera en su primera noche, descubre que ha sido envenenado deliberadamente con un tóxico sin cura y que le quedan escasas horas de vida. Bigelow aprovechará este valioso tiempo para perseguir a su asesino y comprender los misteriosos motivos de tan dramático final.

     Sobre los títulos de crédito iniciales, un formidable plano-secuencia va abriendo las dependencias de una comisaría donde, acto seguido, nuestro protagonista servirá un diálogo imposible con el oficial de guardia; la música de Dimitri Tiomkin, la magnífica fotografía de Ernest Laszlo y el bizarro guión de Russell Rouse y Clarence Green ya han hecho acto de presencia. El artesano Rudolph Maté aprovecha los buenos activos técnicos y la irresistible premisa argumental para orquestar con oficio una cuidada narrativa circular sobre un flash-back preñado de tragedia. A su vez víctima y detective, el personaje servido por O’Brian  descubre la codicia y la corrupción de una sociedad  de la que disfrutaba ingenuamente. El pobre Bigelow es un paranoico cadáver andante frente a la pesadilla más definitiva y radical: no poder impedir su propia muerte inmediata y morir sin saber por qué.

                                       FERNANDO SABINO SEGUÍ

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