Cineclub. “Un lugar en el mundo” Dimarts dia 9 i dijous 11 a les 20,30 h. a l’Ocimax

Un lugar en el mundo

Dirección: Adolfo Aristarain. Guión: Adolfo Aristarain según un argumento de Adolfo Aristarain y Kathy Saavedra. Intérpretes: José Sacristán, Federico Luppi, Cecilia Roth, Leonor Benedetto, Gastón Batyi, Rodolfo Ranni, Hugo Arana, Lorena del Río, Mario Alarcón, Juan José Ghisaberti, Marcos Woinski, Roberto Rizzotti. Producción: Noemí Nemirovsky. Dirección de producción:  Beatriz Heiras. Fotografía: Ricardo de Angelis (h). Música: Emilio Kauderer. Año 1992, Duración: 120 minutos. País: Argentina.

Realmente maravillosa. De las películas que te dejan sin palabras, las mejillas empapadas, los ojos rojos y el estómago aún sigue masticando sentimientos y acabas fumando (lo que sea) aunque ni siquiera fumes: en una terraza, un balcón, una ventana. Mirando el horizonte, las montañas, lo que alcancen tus ojos. Buscando ese lugar que la película te regala y justo al acabar de verla, en ese preciso instante te encuentras.

 Los sentimientos fluyen desde principio a fin mezclándose superlativamente y de una forma u otra explica una realidad de una familia argentina situada en Río Grande. Familia inteligente, peronista, de izquierdas que tuvo que desertar a España pero volvió para quedarse.

 Refleja la desnudez del ser humano, los sentimientos, la vida en su esencia. Sobresale pletóricamente de la pantalla.

 La película empieza con el regreso, del niño que ya es mayor, al hogar de la infancia. Con el objetivo (sin él saber porqué) de recordar lo que le sucedió en el invierno de sus 12 años. La película es un recuerdo. Se respira poesía, monólogos y diálogos que te empapan con su timidez, sin grandes tecnologías. La esencia más esencial:

“Nada es insignificante. El hielo, por ejemplo, es el peor enemigo de la montaña. Cuando llueve, el agua se mete en las grietas, y al llegar la noche, se hace hielo, aumenta de volumen, y rompe la piedra. Poco a poco, la deshace. La montaña lo sabe, y se queja. No puede defenderse, pero se queja. Antes de la tormenta, se oye un zumbido. Canto de abejas le llaman, porque es como un chisporroteo, como el zumbido de las abejas. Algunos dicen que es porque el aire se carga de electricidad… pero a mí me gusta más creer que es la montaña, que se queja”’.

Algún día encontraremos un lugar en el mundo donde nuestro corazón aposentado no quiera marcharse.

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