Cineclub. El baile de los vampiros de Roman Polanski

El baile de los vampiros. 3 i 5 d’abril. Cinemes OCIMAX

Título: El baile de los vampiros. Título original: Dance of the Vampires (The Fearless Vampire Killers or: Pardon Me, But Your Teeth Are in My Neck). Año: 1967. Duración: 111 min. País: Reino Unido. Dirección: Roman Polanski. Guion: Gérard Brach, Roman Polanski. Música: Christopher Komeda (AKA Krysztof T. Komeda). Fotografía: Douglas Slocombe. Reparto: Jack MacGowran,  Roman Polanski,  Sharon Tate,  Alfie Bass,  Ferdy Mayne,  Jessie Robins,  Iain Quarrier,  Terry Downes,  Fiona Lewis. Productora: Coproducción Reino Unido-EEUU; Metro-Goldwyn-Mayer.

Gran película cuya mayor cualidad es que se percibe de distinta forma, dependiendo de la edad que uno tenga cuando la vea. Siendo un crío la vi por primera vez cuando fue emitida por televisión, y mientras los adultos a la mesa no dejaban de reírse, yo estaba completamente muerto de miedo. Sin embargo la cosa cambió cuando volví a verla estando ya en la universidad. ¡No podría parar de reírme, las situaciones, los diálogos, todo estaba cuidadosamente medido para arrancar la sonrisa del despertador. MacGowran resulta sencillamente desternillante como el Profesor Abronsius. Escenas memorables incluyen intentando convencer a la señora Shagal que tiene que clavar una estaca en el cuerpo de su marido, o disfrutando del baile a pesar de estar rodeado de vampiros. Solo una gran película puede provocar efectos tan dispares en espectadores de distinta edad, y es que al final Polanski triunfó fusionando el género de terror y el de la comedia en este curioso experimento. La estética tan cuidada, mezclada con una excelente y macabra sintonía consigue aportar esa tensión, si bien no provoca miedo a un adulto, en determinados momentos. Fascinante el ataque del conde, sobre todo el momento en que Tate observa como copos de nieve empiezan a caer sobre ella mientras está tomando un baño.

El dúo del Profesor y su ayudante Alfred tiene una química formidable, y consiguen arrancar la carcajada en todo momento. Mientras el primero se muestra confiado en todo momento, y no muestra ni el menor ápice de temor, el segundo se encuentra en un constante estado de absoluto pánico durante toda la película. Esto da lugar a escenas francamente divertidas como cuando el Profesor queda atascado e intenta aleccionar a Alfred para que clave una estaca en el Conde, algo que el pobre ayudante es incapaz de hacer.

Y es que al final, la película triunfa porque hace un excelente uso de lo que se denomina humor inteligente, que en ningún momento cae en lo chabacano, ni en los recursos fáciles de muchas comedias en la actualidad. A día de hoy a un se puede disfrutar de ella, y al verla se hace impensable el darse cuenta de que tiene ya más de cincuenta años de antigüedad.

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