Cine Club.- HEDI

Dimarts 7 i dijous 8 de novembre a les 20,30 h a l’OCIMAX de Maó es projectarà

HEDI

Dirección: Mohamed Ben Attia. Reparto: Majd Mastoura como Hedi. Rym Ben Messaoud como Rym. Sabah Bouzouita como Baya. Omnia Ben Ghali como Khedija Hakim. Boumsaoudi como Ahmed. País: Francia, Bélgica, Túnez. Producción: Lina Chaabane. Guion: Mohamed Ben Attia. Música: Omar Aloulou. Sonido: Faouzi Thabet . Fotografía: Frédéric Noirhomme. Montaje: Azza Chaabouni. Fecha de estreno 7 de febrero de 2017. Duración 88 minutos. Productora: Nomadis Images, Les Films du Fleuve.

“Había algo especial en el aire, algo nuevo. Cómo la gente hablaba y se miraba mutuamente. No sé, como si de repente todos nos amáramos unos a otros. Fue solo un pequeño paréntesis”. Hedi recuerda con nostalgia los días de la Revolución de los Jazmines, en 2010/2011, cuando el pueblo de Túnez se rebeló contra la dictadura de Ben Ali y encendió la mecha de la Primavera Arabe. El tiene trabajo como agente de ventas de Peugeot y está a punto de casarse: a los 25 años, su vida parece resuelta. Pero resuelta por otros: su jefe, que lo tiene de acá para allá, y su madre, que arregló el matrimonio, vive con él y controla hasta cuánto gasta su hijo por día. La cuestión es si, como sus compatriotas, Hedi se animará a decir que no.

El primer largometraje de Mohamed Ben Attia llega con el sello de garantía de los hermanos Dardenne (fueron dos de los productores) y el sello de prestigio de la Berlinale, donde en 2016 ganó el premio a la mejor opera prima y el Oso de Plata al mejor actor (Majd Mastoura). Este tipo de antecedentes pueden fallar, pero en este caso se confirman: Ben Attia -él mismo fue empleado de Renault durante doce años, hasta que renunció para dedicarse al cine- construye un drama profundo y emotivo sobre los momentos de quiebre. Y con una segunda lectura posible, en clave política, apenas sugerida.

Un tema clásico -la dicotomía entre tradición y libertad, entre la seguridad de lo establecido y el riesgo de lo desconocido- aparece aquí con una mirada fresca y sensible. Los personajes están delineados con una precisión notable, empezando por esa madre autoritaria y avasallante que muestra que los italianos y los judíos no tienen el monopolio en ese rubro.

A primera vista parece difícil establecer algún tipo de empatía con Hedi, ese joven pusilánime e inexpresivo que se deja mandonear y anda por el mundo siguiendo obedientemente los caminos que los demás le trazaron. Pero debajo de esa máscara de apatía, se asoma un alma en ebullición: con apenas un par de gestos o actitudes corporales, Mastoura sabe mostrarnos que en el interior de su personaje quizás haya algo más que lo que se puede observar a simple vista. Y que tal vez sea la fuerza para abrir un pequeño paréntesis.

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